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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Uzbekistán 




Libre al fin 



Marzo 8 Sergei Alekseev 

Sergei Alekseev trató vez tras vez de liberarse de 

Tienes que salir ahora! — exclamó mi 
amigo. 

Yo asentí en silencio, recogí mi bolsa 
pequeña y salí de la casa de mi amigo al 
aire frío del invierno. «¿Ahora, hacia 
dónde me dirijo?» me pregunté. El vien- 
to frío se burlaba de mí, pues no tenía 
adonde ir. 

Había ido a casa de mi amigo una 
semana antes buscando lugar para dor- 
mir. Mi amigo convenció a sus padres 
que me dejaran quedar un par de días. 
Pero cuando descubrieron que les había 
robado algunas cosas para venderlas con 
el fin de comprar drogas quedé de nuevo 
en la calle. 

Una historia triste 

Yo era adicto a las drogas. Las drogas 
habían acabado con mi salud y no podía 
trabajar. No podía caminar sin un bas- 
tón o muletas. Les pedía dinero prestado 
a todos los que conocía y robaba dinero 
cuando no me lo prestaban, para poder 
comprar mis drogas. Mi esposa y mis 
hijos me dejaron y me daba miedo regre- 
sar a mi departamento por temor a que 
me estuviera esperando la policía o algu- 
no de mis acreedores. Así que dormía en 



las drogas; después le dio su vida a Dios. 

la calle. Un día regresé a mi departamen- 
to, pero encontré que habían roto las 
ventanas y habían saqueado la habita- 
ción. Así que dormía en las bancas, en 
los callejones, o donde pudiera. Mi vida 
era un infierno, y sentí que había caído 
lo más bajo que se puede caer. 

Llamada a la realidad 

Cuando recibí mi pequeña pensión 
del gobierno, me la gasté inmediata- 
mente en drogas. Alguien me encontró 
desmayado en la calle y cuando desper- 
té estaba en el hospital. 

— Tú vas a morir — dijo el doctor — . Las 
drogas acabarán con tu vida en menos de 
un mes, a menos que cambies tu vida. 

Escuché petrificado sus palabras: 

— Te quedarás aquí por unos días, 
luego te internarás en un centro de reha- 
bilitación. Si no dejas de usar drogas, 
estarás muerto muy pronto. 

Después que salió el doctor me pre- 
gunté: 

«¿En qué he fallado? ¿Cómo es que he 
llegado a este punto?» 

¡Yo no quería morir! Salí adolorido 
del cuarto para tomar un poco de sol y 
pensar: «¿Ahora qué?» 



23 



Después me encontré con un viejo 
amigo del colegio, a quien no había 
visto desde hacía más de 10 años. Lo 
llamé y se acercó. Estaba asombrado de 
lo muy enfermo que me encontraba. 

Platicamos unos minutos, después 
empezó a conversarme de Dios. Yo ima- 
giné que querría hablarme de algún 
grupo religioso raro, pero más bien me 
platicó sobre la oración. Me dijo cómo 
Dios me podía salvar de mis adicciones 
si sólo yo se lo pedía y confiaba en él. 
Luego me enseñó cómo orar. 

Esa noche oré como mi amigo me 
había enseñado, y por primera vez en 
meses, me quedé dormido tranquilo. 
Me extrañó que la mañana siguiente 
amanecí sintiéndome feliz. Las enfer- 
meras quedaron asombradas con el 
cambio que vieron en mí. 

Punto de cambio 

Desde esa vez, oré todas las noches, 
pidiéndole a Dios que me mantuviera 
alejado de las drogas. ¡Y Dios lo hizo! 
Nunca más volví a usar drogas. 

Les platiqué a todos los adictos que 
conocía cómo el poder de Jesús puede 
salvarlos de sus vicios, así como me 
había salvado a mí. Los invité a mi 
departamento, donde orábamos. 
Trabajé con ellos para que el poder de 
nuestro Señor los sanara. 

Mi amigo me había comentado sobre 
la Iglesia Adventista, así que la encontré 
y empecé a asistir a ella. Los miembros 
de la iglesia me demostraron el amor de 
Dios. Me ayudaron a mantenerme ale- 
jado de las drogas y los vicios. Vi lo que 
Jesús y sus hijos hacían por mí y decidí 
entregarle mi vida a Dios. 



Decidí comer alimentos más saluda- 
bles y empecé a cuidar más mi cuerpo, y 
comenzaron a regresar mis fuerzas. Ya 
no necesito caminar con muletas o 
andar en silla de ruedas, ahora puedo 
caminar por mi propia cuenta. 

Empecé a soñar con establecer un 
centro de rehabilitación y ayudar a otros, 
así como a mí me habían ayudado. 
Hubo miembros de la iglesia que com- 
prendieron mis ideas y me ayudaron a 
juntar el dinero necesario para el centro. 

Nos tomó varios años juntar el dine- 
ro, pero Dios ahora me está utilizando 
para ayudar a otros adictos a vencer. 

He visto el poder de Cristo trabajar 
en muchas vidas. Estoy convencido de 

(Continúa en lapdg. 31) 

Datos de interés 

«•* Uzbekistán es parte de la 
Unión del Sur (que también 
incluye: Kazajstán, Kirguizistán, 
Tadjikistán, y Turkmenistán) . 
Uzbekistán tiene la mayor pobla- 
ción de la Unión del Sur, con 
26.8 millones de habitantes. 

«•* La religión predominante de 
Uzbekistán, y a través de Asia 
Central, es el Islam. Unos 1.329 
adventistas viven en Uzbekistán, 
es decir, un adventista por cada 
20.000 personas. 



Oportunidades 






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«•* Las ofrendas del decimotercer 
sábado de este trimestre ayuda- 
rán a terminar un centro de ser- 
vicio comunitario, que incluye 
una iglesia, en Almaty, Kazajstán. 



Una puerta más 



(Viene de la pág. 20) 



Natasha permaneció firme en su 
compromiso con Dios y fue bautizada. 
Vania y Lena se hicieron miembros del 
club de Conquistadores. Los tres her- 
manos fueron tan buenos ejemplos 
para la familia que los padres dejaron 
de oponerse a que asistieran a la Iglesia 
Adventista. Cuando los demás jóvenes 
pidieron permiso para ir a la iglesia 
con Natasha, Vania, y Lena, los papas 
les permitieron asistir. 

Natasha tiene confianza de que 
algún día sus padres también se unirán 
a ellos para adorar a Dios en la Iglesia 



Adventista. Y Anatoly está muy con- 
tento de haber visitado aquella última 
casa en su territorio. Por su fe, ha 
hecho nuevos amigos y ha traído una 
familia a los pies del Salvador. 

Nuestras ofrendas misioneras pro- 
porcionan los fondos para el evangelis- 
mo en los hogares y alrededor del 
mundo. Gracias por su bondad. 



Anatoly Chobanu tenía 13 años cuando 
conoció por primera vez a la familia 
Moldovanu, y los condujo a Jesús. Charlotte 
Ishkanian es la editora de Misión. 



Libre al fin 



(Viene de la pág. 24) 



que Dios puede cambiar completa- 
mente la vida de cualquier persona, no 
importa cuánto tiempo haya sido víc- 
tima de una adicción, o a qué droga 
esté adicta. Jesús puede liberar a cual- 
quiera del poder de los vicios. 

Pero Dios ha hecho más que liberar- 
me de las drogas. Me ha enseñado su 
amor a través de los miembros de la 
iglesia, y me ha salvado. Gracias por 



entregar sus ofrendas misioneras gene- 
rosamente cada semana para que llegue 
la luz del amor de Dios a las almas 
oscurecidas de las personas por las cua- 
les trabajo. Sus ofrendas están salvando 
vidas para la eternidad. 



Sergei Alekseev es el director del centro de 
rehabilitación en Uzbekistán. 



Director General 

Consejero: 

Directora de Misión: 

Redactor de la versión en español: 

Diagramadora: 

(ISSN-0190-4108) 

Es producido trimestralmente por el departamento de Escuela Sabática de la 

División Interamericana, 8100 S.W. 117th Ave. Miami, FL 33183, EE.UU. 

Primer trimestre del 2008. Tomo 98, número 1. 



Gary Krause 
Carlyle Bayne 
Charlotte Ishkanian 
Mario A. Collins 
SoniaA. Garza 



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